viernes, 9 de mayo de 2008

Por mi poder de precisión intelectual y científica hablará mi calidad de vida

Celebramos con Carlos Monsiváis sus setenta años recién cumplidos con la transcripción parcial del discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa que la BUAP le entregó en septiembre de 2000.
!! Felicidades Monsi ¡¡
"...el lema de la UAP es elocuente: "Pensar bien para vivir mejor". Es decir, por mi poder de precisión intelectual y científica hablará mi calidad de vida. Hasta ahora, a las generaciones de mexicanos que han vivido en la era del PRI les ha constado algo levemente distinto: una minoría vive de modo excelso para gozar de la ilusión de que piensan; los que no, que se consigan otra existencia donde en algo les reditúe pensar bien, porque ésta ya se les fue por falta de recursos.
Así es: si algo corroe o difama o acosa el neoliberalismo es la noción de "pensar bien". Este darwinismo social, más feroz y jactancioso, desconfía o rechaza todo conocimiento no rentable de inmediato, con lo que a mediano y largo plazo expulsa a la vez al conocimiento y a lo rentable.
El culto a la eficacia comienza por la incomunicación. En las entrevistas de los medios informativos con los altos funcionarios y los que serán altos funcionarios lo comprobamos sin lugar a dudas. Si Wittgenstein tiene razón y los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, el mundo del poder en México está muy circunscrito verbal y conceptualmente y sus facultades de razonamiento se engendran en la autocomplacencia. (Generalizo, porque si me da por particularizar el panorama empeora.)
¿Qué es lo que se percibe en las legiones de los que la han hecho? Desdén por las formas verbales, autoritarismo que quiere hacer las veces de sello de garantía de sus afirmaciones; vocabulario que se reduce para que las sensaciones de dominio se expandan al emitirse las cifras ("En la presente administración el 82.8 de los ciudadanos se ha beneficiado de la posibilidad de despertar al lado de una persona conocida"); impaciencia ante la crítica porque ésta nunca dispone de los verdaderos elementos de juicio (dice el gobernante: "Ya los quisiera ver a estos criticones de café ante el dilema de qué iniciativa de ley firmar primero") ; chistes que se ahogan mucho antes de llegar al sentido del humor; certeza absoluta de saber lo que le conviene a la nación, aunque jamás se precisa para qué año; invención de palabras que corresponde a la mala memoria ("Ya sé que no se dice haiga sino haigamos")
A la clase gobernante no le ha hecho falta pensar bien, porque el poder les ha significado el encumbramiento de las ideas truncas, a retazos, interrumpidas casi siempre por silogismos que vienen de las conversaciones de al lado o de los murmullos espectrales de un curso de posgrado.
Y por lo mismo, la clase gobernante sólo se ha esforzado, sin incluir a nadie más en su propósito, en vivir mucho mejor".