jueves, 26 de enero de 2006

Presentación del libro póstumo "Tan lejos, tan cerca" de Alejandro Meneses

Tan lejos, tan cerca, el libro póstumo de Alejandro Meneses

Este libro es la oportunidad de compartir con el autor los últimos instantes de su vida y su creación. Por primera vez nos deja asomarnos a sus miedos y a sus presentimientos sin el velo del deseo o la rabia: Beatriz Meyer.

El pasado jueves 26 de enero, en el patio de Profética, casa de la lectura, se reunieron amigos, alumnos y lectores del fallecido escritor Alejandro Meneses, para asistir a la presentación de Tan lejos y tan cerca , el último libro del cuentista de origen tlaxcalteca avecindado en Puebla. Los comentarios estuvieron a cargo de los escritores Julio Eutiquio Sarabia, Mariano Morales y Beatriz Meyer.

Camino hacia la muerte
Julio Eutiquio Sarabia consideró que Tan lejos y tan cerca “es un oblicuo camino de preparación hacia la muerte; no otra cosa sugieren las historias que ocurren en sus páginas dominadas por esta muerte física y simbólica”, donde los personajes “perderán la vida” o “habrán de renunciar a sus expectativas”.

Aseveró que éste, “como casi todos los libros de Meneses, es un espacio de confluencias momentáneas, de acomodos pasajeros, sus relatos se agrupan como las personas lo hacen en la estancia de una casa”, de este modo, a libros como Vidas lejanas y Casa vacía, llegaron relatos procedentes de Días extraños y Ángela y los ciegos; de la misma manera, a Tan lejos tan y tan cerca, “se incorporan” “la vocación del soldado”, “cosas verdes” y “la bella vida”, publicados en libros anteriores.

Unidad de la obra
Comentó que la “trashumancia” realizada con sus textos “termino por imponerse como una razón más o menos estética” y aseguró que esta característica del trabajo de Meneses no implicaba que sus libros fueran “arbitrarias colecciones de relatos”.

La unidad de su obra, aseveró, “está garantizada por su anclaje en ciertos temas: la soledad, la infancia, la familia, y por su tensa manera de construir su fraseo, muy evidente sobre todo en los relatos de los últimos tiempos”.

Afirmo que en Meneses “había un temple de antiguo y auténtico poeta”, por lo que “no es de extrañar que en su escritura domine la primera persona ni que esos textos sean apenas la extensión de su propia voz, su afortunada modulación, y que las escenas, las atmósferas, encarnecen áridos paisajes del alma”.


Muerte por hiperestesia
Por su parte, Mariano Morales leyó un texto motivado por muerte de Alejandro Meneses, “que al final no me atreví a publicar”, pero que compartió con los asistentes a la presentación, donde comparaba la imagen del cuentista que aparece en la portada del libro Casa vacía con la de William Burroughs, aunque al leer los textos “me reencuentro más con William Faulkner, John Doss Pasos, Scot Fitzgerald y Ernest Hemingway”.

Dijo también que la muerte de Meneses no había sido causada por el alcoholismo, sino por la hiperestesia, esa “enfermedad” cuyos síntomas compartidos por los que la padecen es que “la vida duele, duele el mundo”. No se trata, aseveró Morales Corona, de gente maniaco depresiva, sino de personas a quienes “su sensibilidad les dice que las cosas están mal”.

Nos falta la persona
Indicó que Meneses compartió los síntomas de otros hiperestésicos: “generosidad maestría y maestranza, alegría de vivir, ser derechos; y dolor, mucho dolor, rabia, por la irracionalidad y la insensibilidad del mundo” y agregó recordando la Naranja Mecánica de Anthony Burguess, que el cuentista “no se adaptó. No hubo cirujano que le reprogramara el cerebro para adaptarlo al jodido mundo en que vivimos”.

Finalizó diciendo que la obra de Meneses está en los anaqueles, dispuesta para ser analizada, “lo que nos falta es la persona”, dijo “el tipo generoso, didáctico, creativo, borracho y a veces, porque no decirlo, un poco pesado, enamorado de sus hijas. Quien supo formar parte de diversas flotas de mucho talento sin envidias ni desplantes”.

Criatura solitaria
El último turno en la presentación fue para Beatriz Meyer, quien consideró que la presentación era “una fiesta de la literatura, un homenaje a la figura de un enorme cuentista, maestro de escritores; un pretexto para homenajear y beber a la salud del recuerdo y a la obra de ese gran personaje de cuento que fue y seguirá siendo Alejandro Meneses”.

Consideró que el autor de Tan lejos, tan cerca “era una criatura solitaria de sus ínsulas personales, aquéllas a que lo condijo la conciencia, profunda y desconcertada del horror de existir. Al final ese horror, estoy segura, pudo más que la escritura y que la vida”.

Meyer reiteró lo dicho unas horas después de la muerte de Meneses, “el hueco de su ausencia no lo llenará nada ni nadie” y agregó que a seis meses de su desaparición, la testarudez, la jiribilla de su crítica, sus platillos de pasta perfumada de albahaca y su risa cínica nos hacen falta. Aunque el desastre de su muerte se haya atemperado, el dolor de la perdida sigue ahí, leve pero instalado de manera permanente en los días sin él”.


El verdadero libro
Sobre el libro, la escritora señaló que en el esfuerzo por localizar los textos la familia de Meneses fue determinante, los seis textos que conforman el volumen están “integrados y confrontados con el plan elaborado por el propio autor; sólo dos de los cuentos mencionados en el índice primitivo no se fusionaron a este corpus: La vida en secreto, del que hasta ahora no se tiene mayores noticias, y Hacer las indias, del que se encontró poco menos de una cuartilla”.

Sin embargo, apuntó, “que en el aire prevalece la sospecha de que en algún momento del futuro distante o cercano, otros cuentos aparecerán en las hojas escritas a mano de sus múltiples cuadernos de notas, o el disquete que nunca abrió nos dará la sorpresa y encontraremos que ahí está el verdadero libro; o más bien confirmaremos que el autor se llevó a la tumba el verdadero libro porque nunca salió de su cabeza a las páginas en blanco de su computadora”.

Agrego que Tan lejos, tan cerca es la oportunidad “de compartir con el autor los últimos instantes de su vida y su creación. Por primera vez nos deja asomarnos a sus miedos y a sus presentimientos sin el velo del deseo o la rabia.

Iris García Cuevas
Intolerancia