sábado, 26 de julio de 2008

Ley del Libro, por fin

El pasado miércoles 23 de julio, en la Rsidencia Oficial de Los Pinos el Presidente Felipe Calderón promulgó la nueva Ley para el Fomento a la Lectura y el Libro.

El texto íntegro de la ley se puede consultar en :


La nueva ley contempla, entre otras cosas, la obligatoriedad de respetar el esquema de precio único del libro, tal y como lo establece el editor, en todos los puntos de venta del país, a todos aquellos libros impresos en los últimos 18 meses (capítulo 5, artículo 24).

Esto quiere decir que todos los libros editados e importados al país en los últimos 18 meses, se deberán obligatoriamente vender al precio determinado por el editor, importador, distribuidor (según corresponda) para ese título en particular. Ese precio se conocerá como precio único y no podrá variarse en forma alguna (ni aumentarse ni descontarse, excepto en los casos señalados en la propia ley).

El tema ha sido motivo de amplia discusión pública en los últimos años, y aunque hay más voces a favor en el sector, las hay también en contra que argumentan cualquier clase de patrañas catastrofistas.

Lo cierto es que la experiencia de precio único ha tenido resultados inmejorables en todos los países donde se ha aplicado, fortaleciendo en el mediano plazo las librerías, saneando al mercado y disminuyendo el precio de los libros. Por consiguiente fomentando la lectura y el acceso a esta.A partir del viernes 25, la librería cumplirá con la Ley vigente en todos sus puntos de venta. Venderemos los libros al precio determinado por el editor, que hasta ahora hemos conocido como PVP (precio de venta al público) o precio del editor.

En algunos meses conforme se vayan creando las instancias gubernamentales correspondientes, existirá una base de datos nacional, que podremos consultar todos en la web, donde se podrá consultar el precio de todos los libros comprendidos por la ley.


Más abajo pueden leer fragmentos de los discursos que pronunciaron el escritor Alberto Ruy Sánchez y la secretaria de educación pública, Josefina Vázquez Mota, en la ceremonia de la firma del decreto.



Alberto Ruy- Sánchez Lacy (escritor y director de Artes de México)


Durante más de veinte años hemos luchado por frenar el deterioro acelerado de la situación del libro en México. Y en ocasiones hemos logrado que se desechen algunas iniciativas graves, como aquel célebre paquete fiscal del 2000 que hubiera hecho desaparecer a todas las editoriales mexicanas independientes en tres meses. Pero hemos gastado enormes energías en defender al libro y a los lectores mexicanos de medidas altamente corrosivas en vez de dedicarnos a lograr que México no perdiera, como lo ha hecho, la situación altamente competitiva que tenía en la industria editorial internacional hace tres décadas.Hemos perdido esa competitividad y también hemos dejado que se deteriore gravemente el mercado interno, la diversidad de la oferta y la existencia de librerías. Es decir, hemos dejado que las condiciones y posibilidades de la lectura disminuyan al violentar la vida del libro.La ley que hoy se promulga es de una importancia enorme, entre otras cosas, porque es la primera vez que se levanta la cabeza y se propone no sólo desacelerar el deterioro sino avanzar de verdad en la salud y fortaleza del libro y de la lectura. Este será un momento histórico, si logramos seguir conjuntando las voluntades grandes y pequeñas, increíblemente diversas que han permitido esta promulgación y la hagamos productiva. Esta ley no es una meta, pero es una condición indispensable. Y, esperemos que sea el inicio de una política Estatal que considere al libro como objeto de primer interés nacional.A la vez cultural y económico. Lo ha hecho claramente España. El libro es su cuarto producto de exportación, impulsado por una poderosa política fiscal que favorece las exportaciones de libros y las hace más competitivas en todos los mercados. Y hoy en día el mercado del libro en español está en sus manos, aunque mayoritariamente se sitúa en nuestro continente. Incluyendo toda Norteamérica, donde debería ser prioridad de México que nuestra lengua tenga los libros que necesita para seguir viva. Y la presencia fuerte del libro mexicano ahí, privado y oficial, debería ser parte de nuestra política exterior. Esta ley es necesariamente perfectible. Será indispensable la misma voluntad y lucidez que la promulgan para perfeccionarla y hacerla más útil. Es también una ley que debe servir para mejorar, dar continuidad y hacer crecer excelentes programas anteriores, como el excepcional de las bibliotecas escolares y de aula que en los últimos dos años han disminuido notablemente. Y que no debe desaparecer.Entre sus profundos aciertos está el hecho de que siendo sobre todo una ley de fomento a la lectura, por primera vez considere su raíz, la letra impresa y el libro, y se atreva a mirar de frente su enorme poder espiritual y a la vez su enorme fragilidad material. Porque el libro es una paradoja viva, un ser anfibio, un fetiche y un producto indisociables, un objeto artesanal e industrial. Fuerte y débil al mismo tiempo, el libro es también muy antiguo y muy moderno. Y esta ley esta hecha para mirar por primera vez a su futuro. Pocos saben que en el 2003 las grandes compañías de computación concluyeron, después de un lustro de experimentación con libros electrónicos, que el libro de bolsillo impreso sigue siendo el mayor avance tecnológico que existe en la materia y que tenían que reorientar sus diseños de “eBooks” por lo menos a igualarlo. Esa hipermodernidad del libro va acompañada de una cualidad atípica de su comercio. Su economía tiene rasgos de la economía tradicional que los antropólogos llaman del “potlach”: es decir del exceso que parece irracional pero que a mediano plazo económicamente, y a corto plazo en términos sociales, es muy racional. Ése exceso es necesario en los bienes sociales simbólicos que crean formas de reciprocidad y por lo tanto vínculos sociales. Encontrar los libros que uno no sabía que existían pero que le dan sentido a la vida, que ayudan a vivirla, es algo que rehace la red social. No sólo enriquece espiritualmente al individuo.Por eso el historiador de la lectura, Alberto Manguel sostiene categóricamente, a favor de ese exceso y en contra de algunos economistas que se consideran modernos, que “quienes piensan que leer es menos importante que comer están aceptando una degradación del ser humano”.De esta complejidad moderna y tradicional señalemos tan sólo, por lo pronto, que por ella el mercado del libro tiene una dinámica y una racionalidad atípicas que requieren el exceso aparentemente irracional de la oferta sobre la demanda. Y esa oferta se da en unos centros culturales que llamamos librerías, que son mucho más complejos que puntos de venta. Y que para serlo requieren una enorme diversidad de títulos, inimaginable en cualquier otro tipo de comercio. Y un tiempo de venta mucho más largo, que permita la cercanía física y azarosa del lector con los libros que no sabía que necesitaba, hechos de miles de palabras que extrañamente nos tocan cuando los abrimos. Pero si seguimos tratando al libro, comercial y fiscalmente sobre todo, como a cualquier otro producto, el libro perderá entre otras cosas su diversidad natural. Y se parecerá a otros productos: tendremos sólo libros salchichas y libros zapatos. Que serán malas salchichas y malos zapatos.
Esta ley no toca los problemas fiscales del libro. No podía hacerlo. Aunque eso no quiere decir que no deban ser abordados por el gobierno en una verdadera política de Estado. Pero sí toca algunos de sus más graves problemas comerciales. Esta ley dota a la sociedad de un instrumento. Pero es eso, un dispositivo útil que debe ser acompañado de otros instrumentos de diferente naturaleza. De nuevo, no es suficiente pero es indispensable. Y se trata, no lo olvidemos, de una ley de carácter antimonopólico. Tendrá como enemigos, sobre todo, a quienes este tipo de leyes afectan. Económica y políticamente.
Contiene un dispositivo inventado por lúcidos economistas neoliberales en ese momento de conciencia en el que se dan cuenta de su responsabilidad ante las deficiencias más perversas del mercado. Un dispositivo de precios que ha sido experimentado, siempre con éxito, tanto en países de economías avanzadas y medias, alguna similar a México. Cuando se ha interrumpido su uso, como en Inglaterra, ha sido por presiones de muy poderosos monopolios libreros y editoriales. La evidencia nos dice, una y otra vez, que este dispositivo fomenta la competencia por la calidad y por lo tanto termina saneando al mercado y haciendo que a mediano plazo bajen los precios de los libros.
Esta es una ley a favor del lector y de su acceso a la diversidad cultural de México y del mundo. Celebremos juntos la acertada promulgación de esta ley, tan excepcional también por haber sido deseada e iniciada hace años en México por un grupo amplio y muy diverso de lectores, escritores, editores, promotores de la lectura, periodistas, luchadores de derechos humanos, investigadores, libreros y maestros; un proyecto que recibió el apoyo y la crítica, mayoritariamente constructiva, de muchas instancias culturales oficiales y privadas, y recibió la asesoría de promotores de la lectura y hasta expertos en la competencia de los países donde existen leyes similares; una iniciativa noble, plural y desinteresada que fue revisada y aprobada mayoritariamente por cuatro cámaras durante dos legislaturas; y finalmente promulgada hoy por un gobierno que, por lo visto, y también de manera excepcional, sí lee y sí escucha. Y que ha estado hoy dispuesto a dar con valor este primer paso decisivo. Y que esperemos que tenga conciencia de que se necesitan muchos otros. Este es el comienzo.


Josefina Vázquez Mota(Secretaria de Educación Pública de México)


De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo; pero el libro es otra cosa.El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. Así lo escribió y así lo hizo vida Jorge Luis Borges.La Ley de Fomento a la Lectura y el Libro es una pieza clave para establecer una política de Estado porque busca incluir los intereses compartidos por todos los ciudadanos, porque convoca al consenso de la comunidad, porque el libro, como toda manifestación de la cultura, es un bien social y, sin duda, de los más valiosos e indispensables.La Ley busca transformar un panorama complejo y que resulta inaceptable, los datos más recientes indican que un 30 por ciento de los mexicanos no ha tenido ocasión de visitar una biblioteca en toda su vida y que 40 por ciento nunca ha entrado a una librería; que uno de cada ocho mexicanos no ha leído un libro en su vida y que 30 por ciento de los ciudadanos no lo hizo en el último año....La Ley también propone políticas destinadas a estimular la instalación de nuevas librerías que ofrezcan mejor acceso del público lector a esta oferta nacional.Estimula a los editores para ampliar la producción de títulos y que de alguna manera ha sido una de las demandas más urgentes que se han propuesto de manera reiterada.También apremia a nuestra capacidad de exportar más libros a otros países, acercando a los autores mexicanos a públicos de otras lenguas y diferentes latitudes.Debemos trabajar muy fuerte para transformar la situación actual en que por cada euro que México le ha vendido a España en libros, España le ha vendido a México 180 euros.La ley establece el desarrollo de sistemas integrales de información sobre el libro, su distribución, la lectura y los derechos de autor, en especial destaca el mandato de fomentar una cultura de respeto a los derechos de autor, que es la mínima garantía del respeto al trabajo que merecen todos nuestros escritores.La ley también fortalece la formación profesional de los autores en la cadena del libro, lo hace conjuntamente con el sector editorial privado: editores, libreros, distribuidores, y paralelamente incorpora contenidos relativos al fomento de la lectura, de la formación de nuestros maestros, directivos, bibliotecarios y técnicos.Ahora la Secretaría de Educación Pública y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, deberemos presentar el Programa de Fomento para el Libro y la Lectura, el cual tendrá que ser expedido en noviembre del presente año.Atendiendo a lo que señala la ley procederemos a integrar el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura, como el órgano consultivo de la Secretaría de Educación Pública y el espacio de concertación y asesoría entre todas las instancias públicas, sociales y privadas vinculadas al libro y la lectura.Este consejo facilitará la aplicación de políticas destinadas a fomentar el libro; me parece que hay que destacar, que por vez primera, va a coordinar en una sola entidad articuladora los esfuerzos de Gobierno, empresas editoriales y los organismos de la sociedad civil.La Ley nos permite este espacio de encuentro que no habíamos tenido en México.Tal como cree y afirma Germán Dehesa: Yo pienso que mis mejores antepasados, los que más han iluminado mi existencia son los libros. Soy pariente de Homero y de Fernando del Paso; San Juan de la Cruz ha hecho temblar a mi alma, y Sor Juana ha sido uno de los más hermosos y femeninos misterios que he conocido.A pesar de los avances tecnológicos estos vínculos no se han roto, esta tribu del libro sigue reunida y sé que el libro prevalecerá, no contra la cibernética, sino al lado de ella.Hay que terminar con las lecturas obligatorias y a plazo fijo. Leer tiene que llegar a ser una segunda hora del recreo, una fiesta y una alegría para el espíritu.Ya estuvo bien de decir que la lectura no sirve para nada, que no es práctica, ni produce ganancias; hay que ser enormemente tonto para decir esto.Leer sirve para saber vivir y para saber dónde vivimos. Leer es enormemente práctico, y las ganancias que proporciona la lectura son cuantiosas, e implica la diferencia entre frustrarse o cumplirse como ser humano.Según entiendo, leer es el mejor modo de amar, de amarlo, de amarse a sí mismo y de amar también a los demás.Muchas gracias, Germán, a ti y a todos los que han hecho posible el sueño de este día para millones de mexicanos de hoy y de mañana.Esta Ley para el Fomento a la Lectura y el Libro es una invitación para la concordia y la reconciliación de los mexicanos, porque en la lectura todos somos iguales y todos nos encontramos.Es una invitación para fortalecer nuestra libertad y ejercicio ciudadano, y es una invitación, en palabras de don Andrés Henestrosa, para sacarnos de las tinieblas.

Enhorabuena y muchas felicidades.