martes, 7 de febrero de 2006

Entrevista a Juan Villoro realizada en

El buen periodismo es literatura bajo presión

Nació en 1956. Es narrador. Escribió por primera vez a los trece años para un periódico: es la escuela secundaria, y balconeando compañeros de su salón, donde vendía los 45 ejemplares que hacía en mimeógrafo. De ahí saltó a la crónica, en medio de las llamas, cuando abandonó, por una tarde, las clases de guitarra en Avenida Insurgentes y Aguascalientes, en México-Tenochtitlán, donde nació.

Pertenece a la lengua estirpe de cronista mexicano entre los que se incluyen –lista incompleta- Guillermo Prieto, “Fidel”, El Zarco, El Nigromante, Vicente Leñero, Enrique Serna, Monsiváis, Poniatowska, Fabricio Mejía Madrid, Héctor de Mauleón (estos últimos favoritos de Villoro).

Vino a Puebla en días pasados a presentar sus ornitorrincos, crónicas que son un género literario con características de hermanos suyos, ahora contenidos en Safari accidental (Joaquín Mortiz, 2005). Entrevistado, habla de los autores poblanos, y de hacer literatura en los periódicos:

-¿Cuál ha sido, hasta ahora tu relación con Puebla?

-Yo he tenido una relación esporádica con Puebla –como tanta gente-: me tocó en suerte escribir en una contraportada para los cuentos de (Juan Gerardo) Sampedro, que aunque nació en Zacatecas, se puede considerar que es un autor poblano. Conozco a autores poblanos como Juan Tovar; de alguna manera se puede considerar que Sergio Pitol es poblano, porque nació aquí; Ángeles Mastretta, Sergio Mastretta, que es un muy buen cronista, Pedro Ángel Palou, Héctor Azar, con quien estuve vinculado, y estuve en Atlixco. Tampoco soy un especialista.

-Aquí, en Puebla, le toco a Pedro Ángel Palou presentarte…

-Sí, tuve la suerte de que él me presentara un libro mío hace como quince años, y cuando yo estuve (como director) en “La Jornada Semanal”, del 95 al 98, colaboró conmigo. Y en una ocasión cuando era profesor en la UDLA organizó un coloquio al que vino Álvaro Mutis y otras gentes, entre ellas Pitol, Salvador Elizondo, Francisco Hinojosa… y estuve ahí. Hace tiempo que no nos vemos, pero tenemos en común el gusto por el futbol.

-¿lo has seguido leyendo?

-Sí, esporádicamente, porque es muy difícil estar en contacto con todos los autores mexicanos.

-¿Qué más conoces de Puebla?

-Bueno: he venido varias veces a la Universidad Autónoma, a la Casa de la Cultura, a la Universidad de las Américas. Conozco cosas básicas: los museos y estas cosas pero nada más.

-Tu libro de crónicas, Safari accidental, rompe con esa falsa idea de que el periodismo no es literatura.

-Yo creo que el buen periodismo es literatura bajo presión. Nosotros podemos leer con el mismo provecho las crónicas de Martín Luis Guzmán de la Revolución Mexicana, que sus novelas de ficción.

“A veces hay un prejuicio como muy bien dices tú, de que sólo la poesía o la ficción es verdadero arte. Y creo que en México, con Carlos Monsiváis, por ejemplo, que acaba de obtener muy merecido el Premio Nacional de Letras, es un ejemplo para todos nosotros como escritor, y fundamentalmente se ha desarrollado en el ámbito de la crónica. Yo creo que ahí tenemos un ejemplo a seguir.

-El periodismo, como la lotería, es para hoy, y eso es su ganancia y su trampa…

- Parece impedir que el periodista haga literatura, pero el reto para el periodista es hacer algo perdurable. Por ejemplo: cuando García Márquez hizo Relato de un náufrago, ni siquiera firmó el reportaje, porque las presentaron como las memorias del propio náufrago escritas en primera persona, y se vio en su momento como algo efímero, y sin embargo es uno de los mejores relatos que jamás escribió García Márquez.

“De modo que, como te decía, la crónica, que repara el momento, puede perdurar como la mejor de las ficciones, y puede dar cuenta de una realidad muchos años después. Pero esto, naturalmente depende del talento del cronista.

“Yo había publicado antes ya un libro de crónicas, Los Once de la tribu, donde mi intención es fijar en el tiempo instantes que parece fugitivos. No siempre se logra. A mi mismo me paso: ahora que estaba recolectando crónicas para Safari accidental, hubo varias que ya no pude mete, porque sentí que ya habían caducado, que no tenían ese nivel que las hacía perdurables.

-¿Y seguirás con estos ornitorrincos?

-Yo espero que si, porque la crónica, para mí es una enseñanza muy grande. Hay escritores que se conforman con estar en su despacho, en su estudio, en su casa, escribiendo, pero yo, de vez en cuando necesito el contacto con la realidad y aprender de los demás, porque una de las grandes lecciones de la crónica es que no está en ti, sino está en los demás la verdad de los hechos: son ellos los que saben qué fue lo que pasó, y eso es muy saludable, no solamente desde el punto de vista estético, encontrar esa verdad, sino también estético, personal: te enriquece muchísimo.
Pablo Salazar
Martes 7 de febrero de 2006